
Por razones de técnica suelo realizar una parte del cuadro y luego procedo a taparlo casi en su totalidad, en este caso el rostro, para luego trabajarlo con pinceladas más amplias y rápidas, o con espátula. No obstante, al terminar de cubrirlo con gesso y esperando que éste se seque, me pareció que el rostro con su cicatriz era hermoso. Fue una decisión complicada no continuarlo ya que la idea ya estaba trabajada, pero la sensación que me había causado fue tan intensa que lo fui dejando vivir un día y otro hasta que pasó casi un año. Ahora, claro, me debato entre continuarlo o dejarlo así y barnizarlo, con lo que dejaría de ser una obra inconclusa. O tal vez nunca lo barnice.
Boris Kappa