Me imagino a Cinthia de Levie a la mañana. Mientras desayuna, lee el diario y le comenta a su novio las noticias que más le llaman la atención. Subraya algunas frases con lápiz, recortándolas para guardar en una carpeta junto con montones de otros artículos. Seguramente después agarre la bici y se vaya al súper con una cámara de fotos en la mochila. Una vez ahí, dando vueltas entre las góndolas, frene de vez en cuando para sacarle foto a una pirámide de latas o a un pasillo de pasta de dientes. Todo su changuito está lleno de cosas que no tienen nada que ver entre sí (difícil sería preparar un plato con todo eso). Hay una lata de palmitos con palmeras súper tropicales, y otra de arvejas marca Inca. Así como a Andy Warhol le fascinaban las latas de sopa Campbell y las cajas de Jabón en polvo Brillo, a ella le agarra más por lo latino. Y trucho también.
Al momento de llegar a la caja para pagar, recuerda el caso de un hombre que fue a matar a su ex mujer, quien trabajaba de cajera en un supermercado lleno de clientes. Me imagino a Cinthia pedaleando de vuelta a su casa, con las bolsas en el canasto, pensando en qué es lo que va a hacer con todo eso que vio, con las noticias extrañas que pasaron, con esos agujeros negros que hay entre la gente todos los días.
Cuando miramos una obra nueva, suele pasar que terminamos relacionándola con otras imágenes para poder entenderla. Se trata de entender y asociar a través de la clasificación. Nos guste o no, es lo que pasa comúnmente. Tengo que admitir que con Cinthia me pasó algo parecido: tiempo después de ver sus latas repetidas en Ruth Benzacar, como no me acordaba su nombre, me refería a ella como “la chica Warhol”. No es fácil trabajar sobre una imagen tan conocida y, aun así, conseguir cierta originalidad. A ella le había salido muy bien. Sin embargo, tal vez por este mal vicio de las categorías, no podía dejar de asociarla con esos artistas que trabajan a partir de las obras de otros.
Ahora que compartimos taller en la galería Coghlan todo es distinto. Así empecé a conocer los objetos que ella colecciona: sus libros, sus dibujos y sus otras series de trabajos. Todo un rejunte de cosas que me hicieron sentir que yo había sido una observadora demasiado simplista. Cinthia no solamente puede construir algo nuevo a partir del trabajo de otros, sino que también es capaz de arriesgarse y encarar recorridos desconocidos, con tinta china sobre papel de fiambrería o vidrios rotos.
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Delfina Estrada: Lo que la gente más conoce de vos es tu obra de las repeticiones de productos de supermercado, ¿eso es lo primero con lo que empezaste?
Cinthia De Levie: Yo siempre dibuje muchos cuadernitos, en general siempre uso mucho negro, ese es mi color.
Antes del súper hice una serie que se llamaba “Historias mínimas” eran historias contadas en tres imágenes que tenían un texto como “Soñó un sueño en el que soñaba que estaba muerto” o “Mató a su mujer y la escondió de debajo de la cama”
D.E.: ¿Esas historias de dónde las sacabas?
C.D.L.: Algunas me las inventaba, otras salían de diarios o también de historias que me contaba mi abuela. La ficción y la realidad en mi registro se pueden mezclar, junto todo, soy una coleccionista. Me fascinan y me dan miedo también, al final todo tiene que ver con cosas de uno.
Hay una historia que era en un súper, consistía en lo siguiente: “Entro a un supermercado, mato a un pibe y después el empleado limpiaba y los clientes seguían comprando”. Con esa historia yo empecé a hacer lo de las góndolas y pensé en la sopa Campbell. En parte apareció el súper porque apareció el lugar común de compras y como el motivo era otro ahí elegí las latas Campbell, una especie de cita a Warhol, y ahí me copó eso, yo nunca había hecho perspectivas, lo que a mí me sale siempre es dibujar personajes. |
D.E.: Si, y desprolijos en general, por eso, cuando empecé a ver las cosas que tenes acá en el taller, no entendía como era que podías ser tan prolija con tu otra serie.
C.D.L.: Para mí es como un desafío, no es lo natural en mí, me sale más fácil lo que hago con los vidrios que lo del súper, pero también te lleva otro tiempo, no sé, es diferente, con los vidrios puedo hacer diez en un día.
En realidad yo voy alternando, lo primero que había hecho eran unas góndolas largas hace tres años. Después hice otras cosas pero ya a finales del ante año pasado lo volví a mirar y pensé que quería hacerlo grande porque siempre laburo chiquito. Y más allá de que me gustaban los colores pienso que fueron de ese momento. Antes era con un marcador parecido a la témpera y con lapiceras de gel, a veces con tinta, pero así estaban demasiado separadas las cosas y no sé, empecé a hacer esto con lápiz que lo puedo unir mucho más conmigo y con el resto de mi trabajo porque tiene otra carga, es menos pregnante que el color que no es lo que a mí más me interesa.
D.E.: También tuviste siempre un manejo del espacio que Warhol no tenía cuando repetía las sopas Campbell, y vos le diste perspectiva, huecos..
C.D.L.: Para mí eso era como una manera de ir en contra de algo. Es re industrial todo eso de las latas y me gustaba hacerlo acá desde mi lugar más manual, más artesanal.
D.E.: Claro, mezclar lo industrial con lo artesanal… él en cambio hacia serigrafía.
¿Ibas mucho al supermercado por cosas que te gustaran?
C.D.L.: En la época del súper iba al supermercado un montón. Iba, sacaba fotos, compraba latas que me gustaban porque eran más truchas, más raras; iba a los chinos, estaba por un barrio más raro o también me flasheaba mucho entrar al Jumbo o al Carrefour y ver esculturas de latas. Igual me quedó eso ahora, si tengo un tiempo y llego antes, voy al supermercado, me divierto.
Algo que también pensaba que era narrativo, son los nombres en castellano que dicen cosas, me imaginaba que si combinabas tres latas diferentes como palmitos-paraíso o La olla- la joya, te ponés a mirar y tienen diseños muy raros. |
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D.E.:¿Qué diseños te llaman más la atención?
C.D.L.: Los que son malos, los más truchos, aunque ver uno súper también, me puse a mirar mucho eso.
Por ejemplo me gusta que sea Inca, tiene algo muy fuerte en la palabra Inca, muy de acá, más latino.
D.E.: ¿Y cómo terminaste en lo de los vidrios?
C.D.L.: En paralelo yo siempre coleccioné noticias del diario que para mí son como agujeros negros, trato de no buscar en Crónica o diarios sensacionalistas, busco en Clarín, La Nación, diarios normales, y me pasa que abría el diario y veía ciertas noticias parecidas a agujeros negros en todo lo que supuestamente es normal, por ahí los veías y pensabas “No, ésto es muy raro”; una persona que vive con treinta y siete perros, un chino que quema mueblerías, un chabón que tiene todo un basural en la terraza de su casa, esa gente que mata de maneras raras. Son cosas que pareciera que todo está bien, pero están ahí, en el diario. Yo con eso empecé a hacer toda una serie, algunos dibujos sacaba de la imagen de la noticia, otros yo me imaginaba, el contexto también. Algunos de estos los hice sobre papel gris de envolver, papel de fiambrería, no lo quería enmarcar, siento que mi trabajo no se ve de a uno, se lee todo el conjunto, y en ese papel se hacen bastante mierda, se arruga mucho y tenés que cuidarlo. Eso lo mostré en Apetitte.
Y lo de los vidrios… había una noticia que me gustaba mucho sobre una pareja que la chica tenía 21 años y con el novio se metieron en el mar de mar del plata en invierno y se ahogaron, pero nunca encontraron el cuerpo de él. Yo con esa noticia estaba muy obsesionada, quería hacer algo, dibujarla, a mí esas cosas me generan ganas de trabajar, querer mostrar eso que es medio indibujable, como un misterio medio oscuro , intentaba dibujar eso, el agua en papel y no me salía, no me gustaba
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D.E.: Es difícil dibujar el agua sin que te salga… no se…
C.D.L.: Sí, como muy librito, y me puse a probar hacerlo sobre un vidrio de un ventanal del otro taller y me gustó, tiene algo mucho más, no sé… si no te gusta lo borrás, el papel es más frágil, tiene mucha memoria, con el vidrio en un segundo hacés así con la mano... y me re gustó, la superposición, lo que se lograba, como una mezcla entre los estados, que sentía que si se cristalizaba en el vidrio dejaba un registro del agua. No me interesaba tanto ya contar esa historia sino algo más general sobre los agujeros negros...
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D.E.: Todo lo tuyo es muy narrativo, ¿te gusta la literatura policial?
C.D.L.: No, nunca leí mucho policial. Me influye mucho la literatura, siento que me influye más la literatura que el arte, no sé, me cuesta un montón ver una muestra y que me guste. Por ejemplo, ahora estuve leyendo los detectives salvajes de Bolaño y me gustó, medio que cuando voy leyendo algo y estoy laburando no sé si se me aparece algo que justo tiene que ver o yo hago que tenga que ver, está conectado con todo eso. El año pasado leí mucho a Murakami y también me sirvió bastante para los de los vidrios.
D.E.: ¿Y ahora que estás haciendo además de venir al taller?,
C.D.L.: Estoy dando clases de plástica en una escuela a chicos de primaria, estoy también laburando en el negocio de mi viejo que es un negocio de telas, y ahí estoy eligiendo las telas, haciendo almohadones con retazos, haciendo las vidrieras, sacando las fotos, decorando el local.
Mis cuatro abuelos vinieron de Alemania escapando sin nada y pusieron, los abuelos de mi papa, un negocio que arreglaba acolchados de plumas, en Alemania usaban mucho de esos, al taller mi abuelo lo siguió, mi papá lo convirtió en un negocio, y yo siempre dije que no iba a trabajar ahí.
D.E.: Esos traumas de trabajar con la familia…
C.D.L.: Pasó muy de repente, yo siempre lo había ayudado con las telas que llevaba a casa, si me gustaba esta o esa, pero de chiquita fue.
Yo voy a la fábrica o a la estampería o a la otra fábrica de tejido,
pienso que está bueno estar en distintos mundos, me gustaría vivir del arte solamente pero siento que eso está bueno, tengo trabajos que me gustan, de repente viene la gente con una valija llena de telas y siento que eso es re primario, de hace mil años en la época de los mercaderes...

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D.E.: ¿Y tu mamá?
C.D.L.: Es artista, hace objetos, grabados, instalaciones.
Muy de chiquita la ayudé a montar y esas cosas, ella me ayudó mucho a mí. Igual yo no sabía que iba a ser artista, lo decidí en el colectivo, como que por ahí lo tenía ahí pero no sé, como era muy cercano nunca se me había ocurrido. Siempre dibujaba, me gustaba mucho.
D.E.: ¿Y cuándo decidiste ser artista, a dónde fuiste? al Iuna!
C.D.L.: Al IUNA (risas). Pero no me gustó. Hice el magisterio, estudié para ser maestra de Grado, pensaba que a través de todo eso podía cambiar el mundo. |
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D.E.:¿Ahora te das cuenta que podés?
C.D.L.: No (risas), bueno, de otra manera. Y fui al Iuna porque yo venía con muchas ideas y ahí no me parecía... era mucho tiempo, nunca estaba con la misma gente. Después fui a hablar con una amiga, no sabía bien que hacer y me dijo, por que no vas a un taller, y fui al taller de Juan Doffo, eso estuvo re bueno, estuve como 3 años, era como mi maestro, me ayudó mucho, yo manchaba mucho era muy caótica y me ayudó a limpiar un poco la imagen, a blanquear, que no sea tan caótico.
Siempre quise ir a un taller de dibujo, pero nunca conseguí uno que me gustara, siempre siento que me falta algo, que necesito aprender más...
No sé, a la vez si me enseñan una técnica me enojo mucho, todo eso de modelo vivo y cosas así… |
D.E.: Igual vos sos de explorar técnicas, lo de los vidrios o lo de tus cuadernos. Con lápiz, tinta, marcador, explorás mucho...
En tu biblioteca vi un libro de Annette Messager que uní mucho con vos, ella hace instalaciones pero también dibuja bien.
C.D.L.: Yo incluso hice un laburo que había cocido sobre ropita mía de cuando era chica. Fue hace mucho, cocía partes de la ropa, es de esas obras de antes que rescatás, cuando lo veo me sigue gustando. |
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D.E.: ¿Lo hiciste en un momento en que mirabas mucho lo de Annette Messager?
C.D.L.: Sí, la re miraba a ella, lo de ella me gusta mucho, se mueve por muchos lugares.
Los artistas de acá son muy de quedarse con una imagen, por ahí no sé si harán otra cosa. Te va bien con una imagen y te quedás con eso porque te queda cómodo, y no está mal, pero no se corren de ahí, está bien pero yo siempre pienso que ves a un artista por una imagen y en realidad uno es un montón de cosas, no sé, a mi me encantaría escribir o hacer películas también.
Me encantaría hacer algo que me imagino en la cabeza que siento que todavía no me salió hacer, tomar el lugar de otra manera, veo trabajos que están re buenos pero son un cuadro al lado de otro. La instalación me gusta porque me pasa que no me gusta ver muestras que son solo cuadros colgados.
Pero a mí me angustia pensar que todo esto del agujero negro es muy difícil verlo en el laburo.
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