Crónica Mariano Combi

 

Por Evelyn Marquez

 

Estética de la deformidad

En el contexto de una muestra colectiva en el FNA, Mariano Combi expone un inventario de muñecos intervenidos que se asemejan a monstruos aparentemente dóciles, pero que no dejan de lado un componente perverso y cínico.

 

Cierta vez, visitando el Premio Nacional en el Palais de Glace, una señora mayor me inquirió frente a una obra un tanto tecnológica que había sido galardonada, preguntándome sobre dónde radicaba la belleza de la obra, que ella no podía encontrar. Traté de explicarle que en los tiempos que corren, la belleza ya no es considerada como un valor fundamental dentro del campo del arte, que los conceptos predominantes pueden ser otros; pero todo lo que podía decirle era en vano, la señora miró la obra de reojo por última vez, y con un dejo de indignación e incredulidad en su mirada, dio media vuelta y sin saludar siquiera se encaminó hacia la puerta.

De las fotografías de Mariano Combi no puedo decir que resulten bellas, ni tal vez que me gusten, pero no creo que eso sea un problema para apreciarlas, ya que me parece que eso está justamente impreso en la ontología de la obra. No está hecha para gustar, sino todo lo contrario, para jugar con la incomodidad de espectador, al trastocar imágenes habituales, como son los muñecos, y el mundo infantil que le es implícito y que por lo tanto pueden ser consideradas inofensivas en una primera descripción, pero que se convierten aquí en algo siniestro y deforme.

Las fotografías de estos juguetes mutilados, transformados, intervenidos, dan como resultado una serie de pequeñas monstruosidades donde los sexos se mezclan, las caras se distorsionan, las protuberancias se multiplican y las proporciones se pierden. El conjunto se asemeja a una catalogación exhaustiva de seres deformes, en la cual la elección del blanco y negro refuerza el sentido documental.

Sujetos a mediciones, como aquellos estudios de criminalidad en los cuales se tomaba nota de todas las medidas de las personas detenidas para establecer científicamente las características biológicas que convertían a una persona en un criminal, simplemente por portación de cara. Los que no figuran de cuerpo entero, posan de frente y de perfil ante la cámara.

Reconocemos entre todos a una Barbie, propuesta como un prototipo de la belleza perfecta y casi imposible, inculcada a las niñas desde la más pequeña edad. Todas aquellas mujeres y chicas que luego crecimos dándonos cuenta de la imposibilidad de sus proporciones (a menos que haya unas cuantas prótesis siliconadas de por medio), sentimos cierta satisfacción al verla así, tan desvalida y monstruosa.

Quietos parecen inanimados e inofensivos, pero ¿cómo podríamos fiarnos de ellos luego de haber visto películas como las de Chuky y los Gremlins y luego subestimar la supuesta calma con que se nos muestran? Al fin de cuentas es la misma cara de yo no fui con la que posa el homicida en serie cuando lo capturan en la comisaría.

La estética monstruosa ha sido de las más atractivas popularmente a lo largo de la historia, abundando en la época barroca, el romanticismo y el expresionismo, cuando la prescindencia de la belleza en las obras pictóricas fue lo que produjo las mayores irritaciones en sus detractores. Dentro del mundo del cine y la literatura, la idea de otredad y de lo sobrenatural ha cautivado masivamente al público, convirtiendo hasta el día de hoy a las historias en las que son protagonistas estos seres que salen de la normalidad, por carencia o por exceso, en sonoros éxitos de taquilla o best sellers.

Probablemente si estos muñecos se lanzaran al mercado serían también un éxito de ventas, debido a la profunda atracción que sienten los nenes por aquello que tiene relación con el morbo, lo sangriento y lo monstruoso. Más allá de las quejas iniciales de los padres, que terminarían acostumbrándose a su fealdad y los arroparían en sus camas para ayudar a conciliar el sueño de sus bellos y proporcionados pequeños.

La obra de Mariano Combi forma parte de la muestra Beca Ecunhi- FNA, expuesta en Alsina 672 hasta el 28 de junio.

 

Mariano Combi.Se formó en distintos talleres de dibujo, pintura y escultura.
Entre los años 2004 y 2007, cursó la Licenciatura en Artes Visuales en el IUNA.
Realizó clínica de obra con Esteban Álvarez (2007) y Mariano Vilela (2008/2009), y otros cursos y seminarios de arte.
En el año 2009 fue seleccionado para cursar la Beca ECuNHi-Fondo Nacional de las Artes, atendiendo a clínicas de obra con Andrés Labaké, Marcelo Pelissier y Pablo De Monte, y seminarios de Ana María Battistozi, Rafael Cippolini y Jorge Sepúlveda


Evelyn Marquez. Lic. en Gestión de Arte y Cultura en la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Realizó seminarios vinculados con la gestión del arte, historia del arte, fotografía, cine y estética, con docentes como Lucas Fragasso, Rodrigo Alonso, Andrea Juan y Jorge Haro. Gestionó la realización de distintas muestras de artes plásticas en Buenos Aires y en el interior del país. Actualmente trabaja en el Muntref (Museo de la Universidad de Tres de Febrero), y en la revista Brick Luxury Investments, en la redacción de artículos de arte y arquitectura.

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